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Barcelona a la mesa: los 35 restaurantes imprescindibles según la crítica internacional

Cuando Condé Nast Traveler suelta su lista anual con los 35 mejores restaurantes de Barcelona, una ya sabe que toca encuadrar el asunto: no es periodismo, es un mapa de consumo con pedigrí anglosajón…

Barcelona a la mesa: los 35 restaurantes imprescindibles según la crítica internacional

Cuando Condé Nast Traveler suelta su lista anual con los 35 mejores restaurantes de Barcelona, una ya sabe que toca encuadrar el asunto: no es periodismo, es un mapa de consumo con pedigrí anglosajón que, traducido al barrio, viene a decirnos dónde se está moviendo el ticket medio y qué tipo de cocina tiene tirón ahora mismo. La edición de este septiembre, publicada hace unos días bajo el título que ya es marca de la casa —"the Catalan City Where Dinners Last Until Dawn"—, coloca a Barcelona en ese punto dulce en el que conviven las barras de mármol apiladas de tapas con la alta cocina que te hace pedir siesta después del segundo plato. Y sí, la oferta es más multicultural que nunca, aunque conviene no perder de vista quién sigue marcando el compás.

El mapa nuevo: tortillas azules y bucatini sin complejos

La lista recorre el Eixample con dos paradas que resumen bien el momento. Xuba, en franja de precio bajo, se planta como mexicano de los que se toman el taco en serio: tortillas de maíz azul hechas en barra, atún rojo en tostada con el punto justo de picante y un taco de lubina rebozada que, según Condé Nast Traveler, bien vale pedirlo dos veces. Detrás están Antonio Sáez —con paso por la cocina de Martín Berasategui cuando Lasarte aún lucía dos estrellas— y Raúl Salcido en sala, currantes que han huido del taco joint genérico. La otra parada obligatoria es Franca: ladrillo visto, manteles blancos y un bucatini al dente con salsa que cruza puttanesca y meunière —tomate, alcaparras, aceitunas, anchoas y mantequilla noisette—. Su cofundador y cocinero, el californiano Joshua McCarty, va a contracorriente del Eixample: ni gildas, ni tartar de atún, ni canelón catalán. Aquí manda la coppa steak para dos y la fruta de temporada.

La bomba de Joan Roca: Gresca, sin estrella y con todo el sentido

La noticia que de verdad me ha hecho dejar el café encima de la barra la soltó Joan Roca en el podcast La Pròrroga: si tuviera que pedir una mesa en Barcelona hoy, se iría al Gresca, en el Carrer de Provença. Sin Estrella Michelin, aviso. Con Rafa Peña al frente —Premio Nacional de Gastronomía 2023, nada menos— y una carta donde las brasas campan junto a una de las bodegas más cuidadas de Cataluña, según el propio Roca. Abrió en 2006 y fue pionero de eso que luego llamaríamos bistronomía: producto, técnica y ambiente informal. Su berenjena lacada con crema de parmesano, once euros del ala, se ha convertido en icono de la ciudad. Y para subir el nivel de vicio, pizza con stracchino y yema por doce, con trufa fresca si te animas. Roca, 62 años y tres estrellas en Can Roca, dejó también dos pistas fuera de la capital: Ca la Pepa en Platja d'Aro para mediterránea sin sustos y Le Baratin en Girona para bistronomía canalla. El tipo sabe lo que dice.

Lo que toca vigilar este otoño

La revista HOLA apuntaba hace unos días que Barcelona se viene arriba este otoño con La Mercè, hoteles de estreno y hornada de restaurantes nuevos. Lo confirmo paseando por el Eixample: las mesas rotan más deprisa y el ticket medio sube sin que el producto lo justifique siempre. Mi consejo práctico —y esto va gratis—: reserva antes de que Condé Nast haga el resto del trabajo sucio, pégate la escapada al Gresca un martes cualquiera, cuando Rafa puede asomarse a la sala, y no confundas oferta multicultural con abaratar escandallo. La cocina catalana sigue siendo la columna vertebral de todo esto; lo demás son las barras nuevas que le dan color al mapa.