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Fuego, memoria y recetario catalán vivo

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El auge de la cocina catalana tradicional: entre la nostalgia y la realidad de las tabernas

Entre El Periódico, que ha sacado un recorrido actualizado por locales de cuchara y chup-chup, y la Revista CUINA, que ha reaparecido en La Setmana del Llibre en Català con el recetario como bandera…

El auge de la cocina catalana tradicional: entre la nostalgia y la realidad de las tabernas

Por arte de birlibirloque, las redacciones barcelonesas han decidido que la cocina catalana de toda la vida vuelve a ser tema, y no precisamente desde una tesis doctoral. Entre El Periódico, que ha sacado un recorrido actualizado por locales de cuchara y chup-chup, y la Revista CUINA, que ha reaparecido en La Setmana del Llibre en Català con el recetario como bandera, alguien ha pulsado el botón de "cocina de la abuela" en pleno septiembre. Y cuando el ruido mediático sube de esta manera, yo me pongo en guardia: el chup-chup nunca pasa de moda, pero las modas periodísticas, sí.

El mapa del chup-chup que firma El Periódico

El Periódico reivindica, según su propio titular, una selección de tabernas históricas y casas de comidas de Barcelona donde hincar codos a fricandó, capipota y canelones a precios "asequibles". Lo interesante no es la lista en sí, que habrá que leer con calma, sino el planteamiento: se señala a esos locales de barrio que llevan años sosteniendo el recetario sin hacer ruido en redes. Bien está, faltaría más. Pero la infiltrada que escribe esto lleva demasiado tiempo detrás de la barra como para no marcar un par de cautelas. Un listado de estas características siempre tiene dos velocidades, y cuando un medio habla de "ticket medio asequible" conviene recordar que lo es hasta que te sientas y pidas el segundo plato. Mi consejo rastreador: cruzarlo con el propio olfato de cada barrio. Si alguien os ofrece "experiencia gastronómica" para un plato de capipota, huid.

La cantera en movimiento

Detrás de este bum hay más piezas en danza. La Revista CUINA ha llevado la cocina catalana a La Setmana del Llibre en Català, lo que indica que el sector editorial gastronómico también se está recolocando. Desde que.es llega, mientras tanto, la pista de un bar de tapas de Barcelona donde, según el titular, Bad Gyal comparte unos calamares a la romana —un dato de esos que valen más por lo que insinúan que por lo que dicen, porque cuando una celebrity comparte plato, la rotación de mesas se desboca y la barra se llena de curiosos—. Y para quien tenga el día excursionista, Infobae señala un pueblo del Pirineo catalán a unos 90 minutos de Barcelona donde probar la canamillana después de una ruta por sus montañas. Cuatro vértices del mismo cuadrado: el recetario catalán vuelve a estar en boca de todos, aunque la cocina, conviene recordarlo, no se ha movido de donde estaba.

Lo que yo vigilaría antes de reservar mesa

La guía exprés de la que se cuela una funciona así. Si el local presume de "auténtica cocina catalana", pregunta primero por el proveedor de la carne, por la paciencia con el sofrito y por cómo se trabaja el romesco. El chup-chup bien hecho necesita tiempo: un guiso que llega a mesa en diez minutos suele ser quinta gama disfrazada de tradición. Si te tientan con la canamillana del Pirineo a noventa minutos de Barcelona, confirma por tu cuenta que el local sigue abierto antes de liarte, porque estos reportajes caducan al ritmo del algoritmo. Y con el bar de calamares que ha sacudido las redes por la foto de Bad Gyal, mantén la prudencia: cuando una celebrity comparte plato, la barra se llena y el escandallo deja de ser fiable.

La moraleja de la infiltrada es simple. Si la prensa vuelve a colocar la cuchara catalana en la conversación —y este septiembre lo está haciendo a discreción—, al barrio, que es quien de verdad sostiene el género, no le viene nada mal. Pero hype por hype, que no te vendan moto: toca comer, y comer bien.